“El arte tiene la capacidad de despertar una conciencia crítica”.

Entrevista a Pedro Medina (1ª parte).

Museo Vostell en Malpartida, Cáceres

Hace unos meses charlamos un rato con Pedro Medina. Filósofo, comisario y Director del Área Cultural del Istituto Europeo di Design, nos habla de su trabajo como profesor, del propio centro en el que desarrolla este trabajo día a día, y nos ofrece su opinión sobre la labor de las instituciones en relación con la cultura: qué hacen y qué han hecho (bien y mal), cuál es la función del arte en la sociedad y en el mundo en el que vivimos, sus objetivos como comisario y, por supuesto, de la ciudad de Madrid como escenario de creación: sus aspectos más característicos, virtudes y carencias.

A pesar de que ha pasado tiempo, y en este tiempo han pasado muchas cosas, las palabras de Pedro Medina no se han quedado atrás.

¿Cuáles son los retos a los que te enfrentas en tu día a día?

Cuando empecé en el IED, al margen de cuestiones de funcionamiento, técnicas y de medios, lo que me preocupaba realmente era la construcción de una identidad y un programa que fueran fácilmente reconocibles. Finalmente tenemos unas líneas de trabajo muy claras: por un lado reconocer los hitos fundamentales del diseño, que todo creativo debería conocer, una memoria del diseño, y por otro lado, intentar interpretar la actualidad del diseño, lo que es tendencia.

En mi día a día hay muchas cosas que se mueven por urgencias, problemas, etc., pero creo que lo importante es dar una identidad a las cosas. Al margen de los problemas cotidianos, lo que creo que falta en muchos centros es que los mismos se conviertan en referencia de algo. Estamos en un país donde se han inaugurado centros únicamente para tenerlos, y luego se quedaban sin programa o dependían de una colección insuficiente. Por supuesto que ha habido algunos en los que no ha sido así, por ejemplo Laboral en Asturias, que ahora está mal, como otros muchos. Pero creo que el problema es que no se ha generado ni teoría, ni interpretación, ni se ha construido un discurso y tampoco se ha ido generando un tejido social en torno a los propios centros.

Otro centro, que es desconocidísimo para el público en general y es maravilloso, es el Museo Vostell en Malpartida, Cáceres. Ahí te encuentras una institución clarísimamente identificada con algo, que es el movimiento Fluxus y luego descubres una colección que va más allá. Vostell se enamoró de ese sitio, un lavadero de lana merina. Este centro tiene verdaderamente una identidad, pero tiene presupuestos ridículos en comparación con otras instituciones que no hacen nada que deje una huella.

Háblanos de tu proyecto más significativo en el IED

Si elegimos un proyecto como significativo sería Guantánamo Museum, un proyecto que inicia Alicia Framis y que nosotros desarrollamos como taller. en colaboración con la Universidad de Arnhem y la embajada de Holanda. El espectador acaba viendo formas no documentales de acercarse a un fenómeno en el que la moda se propone como un mecanismo de comunicación más emocional, a diferencia de lo que ocurre con los medios de comunicación, ante los que estamos ya anestesiados.

¿Cuáles son algunas de las ventajas de tu trabajo?

Una de las características que lo hacen especial es por ejemplo el hecho de pertenecer a un network internacional. Esto permite que muchos de nuestros alumnos disfruten de programas que de otra forma sería muy complicado tener y, además, la mentalidad orientada a un trabajo colaborativo, como el que ofrece la plataforma iednetwork que ha permitido que desarrollemos algunos proyectos involucrando a muchas escuelas del mundo simultáneamente. Eso te introduce en otra dinámica, en otro tipo de procesos. Le da también un corte muy internacional a la escuela el hecho de tener alumnos de más de 30 nacionalidades distintas, que aportan miradas configuradas de diferentes maneras.

¿Como comisario qué objetivos e ideas tienes?

Muchas veces se hacen las cosas por encargo. Últimamente he entrado en procesos de producción, trabajando con los artistas para construir un discurso, pero a veces tienes que ir coleccionando piezas ya existentes para crear un discurso, algo muy distinto a seleccionar piezas ya existentes para construir un nuevo relato.

En un primer momento he hecho muchas exposiciones vinculadas a la fotografía y a la videocreación, pero, en general, me atrae especialmente cuando logramos aunar éticas y estéticas. Sobre todo estableciendo distintos tipos de acción: no me gusta en absoluto una exposición muy espectacular y que luego esté vacía, ni tampoco una exposición muy comprometida socialmente pero donde la reflexión formal se pierde, es secundaria, por tener un contenido muy elaborado.

La labor del comisariado es muy importante porque además de darle a una institución lo que quiere, se puede construir teoría y a veces se aporta un punto de vista diferente sobre algo ya conocido. Hace un año hubo una exposición maravillosa de Francisco Jarauta en la Alhambra, en la que percibías que el viaje a la Alhambra de Matisse fue fundamental. El trato de la luz a través de una celosía, junto a los orientalismos que todos conocemos, fue algo crucial dentro de la evolución interna de Matisse: Sobre algo conocido, se nos muestra una novedad.

También el comisariado sirve directamente para construir discurso. En los últimos años, la preocupación social se ha vinculado, sobre todo en mi caso, a la tecnología, no por una voluntad simplemente de novedad, sino porque creo que me acerco a nuevos medios de expresión que me pueden proporcionar un lenguaje que me permita hablar de experiencias nuevas y donde se enfatice el rol activo del espectador.

Por ejemplo, en Mapping Madrid, que desarrollé con Javier Maseda, hay una reflexión con una parte lúdica y tecnológica, es una pieza colaborativa online, en la que se invitaba a la gente a colgar fotos geolocalizadas, para ver cómo la gente ve PHotoEspaña, era una especie de metapieza en la que se creaba una capa sobre un panoramio de Google, con la visión aumentada que aportaba la gente. Esta exposición dialogó con las piezas de Tete Álvarez, que reconsideran la forma de crear mapas. Todo esto tenía que ver con las representaciones supuestamente objetivas: fotografía, mapas, etc.

Este tipo de reflexiones hacen que te pares a pensar en cómo se construye la forma de ver nuestro mundo, que en el fondo es lo que me preocupa, y dentro de esto, que no haya espectadores sino usuarios. 

¿Cómo crees que influye el arte en el desarrollo de la sociedad?

Empecemos por la parte negativa: en este momento de crisis, sin duda, ante los excesos que hemos visto, hace falta cierta corrección. Mas que la reducción económica, me preocupa lo que se está fomentando: parece que la cultura es secundaria, como un añadido, algo que haces cuando te sobra el dinero. Si no se invierte en que una sociedad se cultive y desarrolle ciertos procesos, será muy difícil que luego aparezcan ciertas cosas.

Podríamos hablar de esto desde otro ámbito: en España la industria más importante que hay es el turismo, y la Marca España es de las mejores cosas que hemos construido. Esto no es solo sol y playa, o irse de cañas, que también, pero principalmente lo es gracias a Picasso, Almodóvar o Gonzalo Suárez. Esto es una parte fundamental, si esto no se cultiva, tendremos una sociedad que será menos reflexiva, menos crítica, con la sensación de que la realidad no puede ser de otra manera. El arte tiene la capacidad de hacernos ver otras posibilidades, descubrirnos otros mundos y, sobre todo, de despertar una conciencia crítica, no solo en el ámbito social.

En España a raíz de las Olimpiadas, la Expo de Sevilla, el Mundial, se optó por una política de grandes eventos. Hubo una serie de manifestaciones artísticas, como los Encuentros de Pamplona a principios de los 70, en los que el arte conceptual español estaba en la línea de los movimientos internacionales, sin embargo, quedaron en un segundo plano. Pero también deberíamos pensar que se puede hacer otro tipo de política cultural.

“Si no se invierte en que una sociedad se cultive y desarrolle ciertos procesos, será muy difícil que luego aparezcan ciertas cosas”

Esta política de grandes eventos luego genera enormes carencias por otros lados. Vemos ahora como está la Comunidad Valenciana, después de gastarse muchos millones de euros en la Ciudad de las Ciencias, un premio de Fórmula Uno y otras prácticas en las que es mejor no entrar. Creo que el arte que no permea en la sociedad es un arte estéril. Durante toda la Historia del Arte, el Gran Arte siempre ha estado vinculado a lo que ha estado decidiéndose en cada instante. Aunque mucha gente tiene la percepción de que el arte contemporáneo es un invento de cuatro –hay mucha tomadura de pelo que más que nada tiene que ver con el mercado del arte– hay muchas formas que nos muestran algo que sería difícilmente representable por otros medios.

Me fascinan algunos procesos que están surgiendo espontáneamente en Madrid, como “Esta es una plaza, que es un lugar maravilloso. Ahora que las instituciones están destinando menos dinero a la cultura, empieza a haber colectivos que piden estos espacios y no van a generar ningún gasto. En este ambiente creado por los vecinos nacen actividades que van desde enseñar español a extranjeros a crear festivales de música. También hay pequeños centros de barrio que tienen una vida muy activa a pesar de contar con muy pocos medios. 

Esto es una plaza. Fotografía por Juan Herrero

Industrias culturales y mercado del arte.

Como ya todo es mercado, no hablemos de arte; hablemos de industria cultural y allí hay un peligro: creo que debemos diferenciar lo que es comercial y lo que es industria cultural de lo que necesita un apoyo. En el cine, que ha sido uno de estos campos de batalla, por poner un ejemplo práctico, Torrente es industria: no tienes por que subvencionarlo. En cambio, la primera pieza que hace un artista que sale de la facultad, que suelen ser piezas muy experimentales, eso no tiene un mercado y si no tiene ningún tipo de apoyo, no va a producirse nunca. Tenemos que diferenciar lo que es puramente comercial, de lo que es un arte emergente o experimental. Tienen necesidades diferentes. Entonces lo que es claramente industria y no nace con una voluntad de generar nuevas vías creo que no debería tener financiación pública.

No obstante, hay que ser conscientes de que el arte también es mercancía, exceptuando grandísimos ejemplos, que doy gracias por que existan, como puede ser Isidoro Valcárcel Medina. Él no genera mercancía. Esto no le quita valor al arte, ya que no es una mercancía cualquiera, tiene unas potencialidades determinadas, y a través de ellas podemos entrar en contacto con otro tipo de experiencias que son fundamentales.

Hay ejemplos que te hacen ver que el arte es otra cosa, acabamos de citar a uno de los más grandes, a Isidoro, y seguro que el que ha entrado en contacto con eso, ha aprendido muchísimo. Quizá esta es la mayor potencialidad del arte: configurar la mirada. Cuando nos enfrentamos a algo, estamos suponiendo cosas; sin darnos cuenta, estamos perpetuando una serie de valores, y hay prácticas que nos hacen deconstruir esa mirada y darnos cuenta de otras realidades. 

Fin primera parte.

Ver segunda parte de la entrevista a Pedro Medina>>

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